Celebrar el miércoles de Ceniza y la cuaresma en casa
Con el miércoles de ceniza empiezan los 40 días o cuaresma de preparación a la pasión y resurrección del Señor. El mensaje por la cuaresma del Papa León se titula: “Escuchar y ayunar. Un tiempo de conversión”: https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/lent/documents/20260205-messaggio-quaresima.html
Proponemos aquí las
celebraciones para el miércoles de ceniza, los domingos de cuaresma y un modelo de Vía Crucis
Para el miércoles de
ceniza preparamos un poco de ceniza en un recipiente.
Canciones:
1.
Miércoles
de ceniza https://youtu.be/rpNDe40lXAk
2.
Este es el
ayuno https://youtu.be/_HgOMm6c3FY
3.
40 días
caminando https://youtu.be/ImARM464GpU
4.
Perdona a
tu pueblo Señor https://youtu.be/R-Mehn4YfYc
5.
Un pueblo,
que camina por el mundo https://youtu.be/gp3V6uZ5Wk4
Lecturas:
1.
Miércoles
de ceniza: Mt 6,1-6.16-18
limosna, oración y ayuda
Este
texto es parte del sermón de la montaña de Jesús, un sermón programático sobre
la vida cristiana. Invita a hacer limosna, oración y ayuno, no para que lo vea
la gente sino en privado, para recibir una recompensa de Dios, no de los
hombres.
2.
Primer
domingo de cuaresma: Mt
25,31-46 obras de misericordia
Jesús
habla de la condición para entrar en el reino de Dios: Obrar con misericordia
con los pobres, porque en ellos está Jesús: dar de comer al hambriento, de
beber al sediento, hospedaje al forastero, vestir al desnudo, visitar al
enfermo e ir a ver al preso.
3.
Segundo
domingo de cuaresma: Mt 17,1-9 La transfiguración
La
cuaresma es como el camino subiendo la montaña. El sacrificio cuesta. Pero
arriba ven a Jesús en la luz de Dios. Un momento de luz y de Gloria para
animarlos en el camino.
4.
Tercer
domingo de cuaresma: Jn 4,5-42 La samaritana
Jesús
habla de un agua viva, que fluye en nuestro adentro y que el no da para la vida
eterna. Cuaresma es purificarse y renovarse en el bautismo
5.
Cuarto
domingo: Jn 9,1-41 El ciego de nacimiento
Los
fariseos no creen en Jesús, son los verdaderos ciegos.
6.
Quinto
domingo: Jn 11, 1-45 La resurrección de Lazaro
Jesus
es la resurrección y la vida. El que cree en el, vivirá.
Oración: los misterios dolorosos del Santo Rosario o el
Vía Crucis
Acción
significativa:
1.
Imposición
de la ceniza:
Oración
de Bendición: Señor Dios, fuente de vida y misericordia, bendice
esta ceniza que hoy recibimos como signo de humildad y conversión.
Que
al ser marcada en nuestra frente, nos recuerde que somos polvo y que a Ti hemos
de volver. Purifica nuestro corazón, renueva nuestra fe y fortalece nuestro
espíritu para caminar contigo en este tiempo de Cuaresma.
Que
la ceniza sea para nosotros un llamado a la esperanza, a la reconciliación y al
amor fraterno, para que, al llegar la Pascua, podamos celebrar contigo la
victoria de la vida sobre la muerte. Por Cristo nuestro Señor. Amén.
Monición: Reconociendo nuestra culpa y esperando en la
misericordia divina, acerquémonos a participar de este signo penitencial de la
ceniza. Mientras que se entona un canto apropiado, nos imponemos la ceniza mutuamente diciendo:
«Conviértete y cree en el Evangelio»
2.
Preparamos
una cruz y caminamos con él las estaciones del vía crucis. (Pueden ser una o dos estaciones por encuentro
o todas). Podemos reflexionar sobre el texto bíblico y el significado de cada
estación.
Textos del vía crucis:
1.
Franciscanos:
https://franciscanos.org/oracion/viacruz00.htm
Santo Vía Crucis
con las estaciones comentadas ByCristomanía Católica
Esta es una propuesta
para rezar el Santo Vía Crucis, con las estaciones comentadas para cada uno de
los viernes de Cuaresma y Viernes Santo…
Inicio
Por la señal de la Santa Cruz…
Acto de contrición: Dios mío, yo me arrepiento…
Introducción
Hermanos: estamos aquí
reunidos para recordar los grandes sufrimientos que Cristo soportó para
salvarnos. Un día Cristo dijo: «No existe amor más grande que dar la vida por
los amigos» (Jn 15,13). Sufriendo y muriendo en la Cruz, Jesús nos dio la
prueba más grande de su amor.
Recorriendo estas
estaciones del VIA CRUCIS, iremos meditando sobre nuestros pecados, que fueron
la causa de la muerte de Cristo, y al mismo tiempo nos preguntaremos: ¿Qué
hacemos para que la Sangre de Cristo no sea desperdiciada? ¿Cuánta gente hay
todavía que no conoce a Cristo y no lo ama? ¿Qué puedo hacer yo para que se
acerquen más a Jesús, que sufrió tanto para salvarnos?
Oración
Señor Jesucristo, has
aceptado por nosotros correr la suerte del grano de trigo que cae en tierra y
muere para producir mucho fruto (Jn 12, 24). Nos invitas a seguirte cuando
dices: «El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en
este mundo, se guardará para la vida eterna» (Jn 12, 25). Sin embargo, nosotros
nos aferramos a nuestra vida. No queremos abandonarla, sino guardarla para
nosotros mismos. Queremos poseerla, no ofrecerla. Tú te adelantas y nos
muestras que sólo entregándola salvamos nuestra vida.
Mediante este ir
contigo en el Vía crucis quieres guiarnos hacia el proceso del grano de trigo,
hacia el camino que conduce a la eternidad.
La cruz (la entrega de
nosotros mismos) nos pesa mucho. Pero en tu Vía Crucis Tú has cargado también
con mi cruz, y no lo has hecho en un momento ya pasado, porque tu amor es por
mi vida de hoy. La llevas hoy conmigo y por mí y, de una manera admirable, quieres
que ahora yo, como entonces Simón de Cirene, lleve contigo tu cruz y que,
acompañándote, me ponga contigo al servicio de la redención del mundo.
Ayúdame para que mi
Vía crucis sea algo más que un momentáneo sentimiento de devoción.
Ayúdanos a acompañarte
no sólo con nobles pensamientos, sino a recorrer tu camino con el corazón, más
aún, con los pasos concretos de nuestra vida cotidiana. Que nos encaminemos con
todo nuestro ser por la vía de la cruz y sigamos siempre tus huellas.
Líbranos del temor a
la cruz, del miedo a las burlas de los demás, del miedo a que se nos pueda
escapar nuestra vida si no aprovechamos con afán todo lo que nos ofrece.
Auxílianos para poder
desenmascarar las tentaciones que prometen vida, pero cuyos resultados, al
final, sólo nos dejan vacíos y frustrados. Que en vez de querer apoderarnos de
la vida, la entreguemos.
Ayúdanos, al
acompañarte en este itinerario del grano de trigo, a encontrar, en el «perder
la vida», la vía del amor, la vía que verdaderamente nos da la vida, y vida en
abundancia (Jn 10, 10).
I estación: Jesús
es condenado a muerte.
V /. Te adoramos
o Cristo y te bendecimos.
R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del
Evangelio según San Mateo 27, 22-23.26
Pilato les preguntó:
«¿y qué hago con Jesús, llamado el Mesías?» Contestaron todos: «¡que lo
crucifiquen!» Pilato insistió :«pues ¿qué mal ha hecho?» Pero ellos gritaban
más fuerte: «¡que lo crucifiquen!» Entonces les soltó a Barrabás; y a Jesús,
después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Palabra de Dios…
Meditación
El Juez del mundo, que
un día volverá a juzgarnos, está allí, humillado, deshonrado e indefenso
delante del juez terreno.
Los acusadores, viendo
la debilidad de Pilato, no ceden y reclaman la muerte en cruz.
Las decisiones a
medias, a las que recurre Pilato, no le sirven de nada. Está cada vez más
convencido de que Jesús es inocente, pero esto no le basta para liberarlo.
Entonces, los
acusadores recurren a un argumento decisivo: «Si sueltas a ése, no eres amigo
del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César» (Jn 19, 12).
Ante esto, el corazón de Pilato está dividido. Y al final prefiere su posición
personal, su propio interés, al derecho. Cede definitivamente y emite la
sentencia, lavándose las manos y condenando a un inocente.
A lo largo de los
siglos, la negación de la verdad ha generado sufrimiento y muerte.
Son los inocentes los que pagan el precio de la hipocresía humana. No bastan
decisiones a medias. No es suficiente lavarse las manos. Queda siempre la
responsabilidad por la sangre de los inocentes.
Oración
Señor, has sido
condenado a muerte porque el miedo al «qué dirán» ha sofocado la voz de la
conciencia. Sucede siempre así a lo largo de la historia; los inocentes son
maltratados, condenados y asesinados.
Cuántas veces hemos
preferido también nosotros el éxito a la verdad, nuestra reputación a la
justicia.
Da fuerza en nuestra
vida a la sutil voz de la conciencia, a tu voz. Mírame como lo hiciste con
Pedro después de la negación. Que tu mirada penetre en nuestras almas y nos
indique el camino en nuestra vida.
El día de Pentecostés
has conmovido el corazón e infundido el don de la conversión a los que el
Viernes Santo gritaron contra ti. De este modo nos has dado esperanza a todos.
Danos también a
nosotros de nuevo la gracia de la conversión. Te lo pedimos a Ti que vives y
Reinas, con Dios Padre, en la Unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los
siglos, amén.
Padrenuestro, Avemaría
y Gloria.
V /. Jesucristo
fue obediente hasta la muerte R /. Y muerte de cruz para salvarnos
II estación: Jesús
con la cruz a Cuestas
V /. Te adoramos
o Cristo y te bendecimos.
R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del
Evangelio según San Mateo 27, 27-31
Los soldados del
gobernador se llevaron a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda
la compañía: lo desnudaron y le pusieron un manto de color púrpura y trenzando
una corona de espinas se la ciñeron a la cabeza y le pusieron una caña en la
mano derecha. Y doblando ante él la rodilla, se burlaban de él diciendo:
«¡Salve, Rey de los judíos!». Luego lo escupían, le quitaban la caña y le
golpeaban con ella en la cabeza. Y terminada la burla, le quitaron el manto, le
pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar. Palabra de Dios…
Meditación
No era lícito condenar
a la muerte en cruz a un ciudadano romano: era demasiado humillante. Pero el
momento en que Jesús de Nazaret cargó con la cruz para llevarla al Calvario,
marcó un cambio en la historia de la cruz. De ser signo de muerte infame, reservada
a las personas de baja categoría, se convierte en llave maestra.
Con su ayuda, de ahora
en adelante, el hombre abrirá la puerta de las profundidades del misterio de
Dios. Por medio de Cristo, que acepta la cruz, instrumento del propio despojo,
los hombres sabrán que «Dios es amor».
Esta verdad sobre Dios
se ha revelado a través de la cruz. ¿No podía revelarse de otro modo? Tal vez
sí. Sin embargo, Dios ha elegido la cruz. El Padre ha elegido la cruz para su
Hijo, y el Hijo la ha cargado sobre sus hombros, la ha llevado hasta al monte
Calvario y en ella ha ofrecido su vida.
En la cruz está el
sufrimiento, en la cruz está la salvación, en la cruz hay una lección de amor.
Oración
Señor, te has dejado
escarnecer y ultrajar. Ayúdanos a no unirnos a los que se burlan de quienes
sufren o son débiles.
Ayúdanos a reconocer
tu rostro en los humillados y marginados. Ayúdanos a no desanimarnos ante las
burlas del mundo cuando se ridiculiza la obediencia a tu voluntad.
Tú has llevado la cruz
y nos has invitado a seguirte por ese camino (Mt 10, 38). Danos fuerza para
aceptar la cruz, sin rechazarla; para no lamentarnos ni dejar que nuestros
corazones se abatan ante las dificultades de la vida.
Anímanos a recorrer el
camino del amor y, aceptando sus exigencias, alcanzar la verdadera alegría. Te
lo pedimos a Ti que vives y Reinas, con Dios Padre, en la Unidad del Espíritu
Santo, por los siglos de los siglos, amén.
Padrenuestro, Avemaría
y Gloria.
V /. Jesucristo
fue obediente hasta la muerte
R /. Y muerte de cruz para salvarnos
III estación: Jesús
cae por primera vez
V /. Te adoramos
o Cristo y te bendecimos.
R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del
libro del profeta Isaías 53, 4-6
Él soportó nuestros
sufrimientos y aguantó nuestros dolores; nosotros lo estimamos leproso, herido
de Dios y humillado, traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros
crímenes. Nuestro castigo saludable vino sobre él, sus cicatrices nos curaron.
Todos errábamos como ovejas, cada uno siguiendo su camino, y el Señor cargó
sobre él todos nuestros crímenes. Palabra de Dios…
Meditación
Jesús cae por
agotamiento. Tiene el cuerpo ensangrentado por la flagelación, la cabeza
coronada de espinas.
Le faltan las fuerzas.
Cae, pues, y la cruz lo aplasta con su peso contra la tierra. Han sido los
pecados los que han aplastado contra la tierra al divino condenado. Han sido
ellos los que determinan el peso de la cruz que él lleva a sus espaldas.
Jesús cae y se
levanta. De este modo, el Redentor del mundo se dirige sin palabras a todos los
que caen. Les exhorta a levantarse.
En su caída bajo el
peso de la cruz aparece todo el itinerario de Jesús: su humillación voluntaria
para liberarnos de nuestro orgullo. Subraya a la vez la naturaleza de nuestro
orgullo: la soberbia que nos induce a querer emanciparnos de Dios, a ser sólo
nosotros mismos, sin necesidad del amor eterno y aspirando a ser los únicos
artífices de nuestra vida. En esta rebelión contra la verdad, en este intento
de hacernos dioses, nuestros propios creadores y jueces, nos hundimos y
terminamos por autodestruirnos.
La humillación de
Jesús es la superación de nuestra soberbia: con su humillación nos ensalza.
Despojémonos de nuestra autosuficiencia, de nuestro engañoso afán de autonomía
y aprendamos de él, del que se ha humillado, a encontrar nuestra verdadera
grandeza, humillándonos y dirigiéndonos hacia Dios y los hermanos oprimidos,
especialmente en esta año jubilar de la Misericordia.
Oración
Señor Jesús, el peso
de la cruz te ha hecho caer. El peso de nuestro pecado, el peso de nuestra
soberbia, te derriba. Pero tu caída no es signo de un destino adverso, no es la
pura y simple debilidad de quien es despreciado. Has querido venir a socorrernos
porque a causa de nuestra soberbia yacemos en tierra.
Señor, ayúdanos porque
hemos caído. Ayúdanos a renunciar a nuestra soberbia destructiva y, aprendiendo
de tu humildad, a levantarnos de nuevo.
Te lo pedimos a Ti que
vives y Reinas, con Dios Padre, en la Unidad del Espíritu Santo, por los siglos
de los siglos, amén.
Padrenuestro, Avemaría
y Gloria.
V /. Jesucristo
fue obediente hasta la muerte. R /. Y muerte de cruz para salvarnos
IV estación: Jesús
se encuentra con su Madre
V /. Te adoramos
o Cristo y te bendecimos.
R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del
Evangelio según San Lucas 2, 34-35.51
Simeón los bendijo y
dijo a María, su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel
caigan y se levanten; será una bandera discutida: así quedará clara la actitud
de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma». Su madre
conservaba todo esto en su corazón. Palabra de Dios…
Meditación
En el Vía crucis de
Jesús está también María, su Madre. Durante su vida pública debía retirarse
para dejar que naciera la nueva familia de Jesús, la familia de sus discípulos.
También hubo de oír
estas palabras: «¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?… El que cumple
la voluntad de mi Padre del cielo, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre»
(Mt 12, 48-50).
Y esto muestra que
ella es la Madre de Jesús no solamente en el cuerpo, sino también en el
corazón. Porque incluso antes de haberlo concebido en el vientre, con su
obediencia lo había concebido en el corazón. Se le había dicho: «Concebirás en
tu vientre y darás a luz un hijo… Será grande…, el Señor Dios le dará el trono
de David su padre» (Lc 1, 31 ss).
Pero poco más tarde el
viejo Simeón le diría también: «y a ti, una espada te traspasará el alma» (Lc
2, 35). Esto le haría recordar palabras de los profetas como éstas:
«Maltratado, voluntariamente se humillaba y no abría boca; como un cordero
llevado al matadero» (Is 53, 7).
Ahora se hace
realidad. En su corazón habrá guardado siempre la palabra que el ángel le había
dicho cuando todo comenzó: «No temas, María» (Lc 1, 30).
Los discípulos han
huido, ella no. Está allí, con el valor de la madre, con la fidelidad de la
madre, con la bondad de la madre, y con su fe, que resiste en la oscuridad:
«Bendita tú que has creído» (Lc 1, 45). «Pero cuando venga el Hijo del hombre,
¿encontrará esta fe en la tierra?» (Lc 18, 8). Sí, ahora ya lo sabe: encontrará
fe. Éste es su gran consuelo en aquellos momentos.
Oración
Santa María, Madre del
Señor, has permanecido fiel cuando los discípulos huyeron. Al igual que creíste
cuando el ángel te anunció lo que parecía increíble «que serías la madre del
Altísimo» también has creído en el momento de su mayor humillación.
Por eso, en la hora de
la cruz, en la hora de la noche más oscura del mundo, te han convertido en la
Madre de los creyentes, Madre de la Iglesia. Te rogamos que nos enseñes a creer
y nos ayudes para que la fe nos impulse a servir y dar muestras de un amor que
socorre y sabe compartir el sufrimiento. Amén.
Padrenuestro, Avemaría
y Gloria.
V /. Jesucristo
fue obediente hasta la muerte. R /. Y muerte de cruz para salvarnos
V estación: El
cireneo ayuda a Jesús a llevar la cruz
V /. Te adoramos
o Cristo y te bendecimos. R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura
Evangelio según San Mateo 27, 32; 16, 24
Al salir, encontraron
a un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo forzaron a que llevara la cruz.
Jesús había dicho a sus discípulos: «El que quiera venir conmigo, que se niegue
a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga». Palabra de Dios…
Meditación
Los soldados romanos
lo hicieron temiendo que el Condenado, agotado, no lograra llevar la cruz hasta
el Gólgota. No habrían podido ejecutar en él la sentencia, de la crucifixión.
Buscaban a un hombre
que lo ayudase a llevar la cruz. Su mirada se detuvo en Simón. Lo obligaron a
cargar aquel peso. Se puede uno imaginar que él no estuviera de acuerdo y se
opusiera. Llevar la cruz junto con un condenado podía considerarse un acto
ofensivo de la dignidad de un hombre libre. Aunque de mala gana, Simón tomó la
cruz para ayudar a Jesús. ¿Acaso no fue Él quien dijo: «El que no toma su cruz
y me sigue detrás no es digno de mí?» (Mt 10,38). Simón recibe un don. Se ha
hecho «digno» de Él.
Llevando la cruz,
Simón fue introducido en el conocimiento del evangelio de la cruz. Desde
entonces este evangelio habla a muchos, a innumerables cireneos, llamados a lo
largo de la historia a llevar la cruz junto con Jesús. Y ahora Jesús nos invita
con más insistencia a imitar al cireneo, ayudando con misericordia a cargar con
la cruz del más débil, del más necesitado. Jesús, cuyo amor divino es lo único
que podía y puede redimir a toda la humanidad, quiere que compartamos su cruz
para completar lo que aún falta a sus padecimientos (Col 1, 24). Cada vez que
nos acercamos con bondad a quien sufre, a quien es perseguido o está indefenso,
compartiendo su sufrimiento, ayudamos a llevar la misma cruz de Jesús. Y así
alcanzamos la salvación y podemos contribuir a la salvación del mundo.
Oración
Señor, a Simón de
Cirene le has abierto los ojos y el corazón, dándole, al compartir la cruz, la
gracia de la fe.
Danos fuerza de
voluntad para poder socorrer a nuestro prójimo que sufre, aunque esto contraste
con nuestros proyectos y nuestras simpatías.
Danos la gracia de
reconocer como un don el poder compartir la cruz de los otros y experimentar
que así caminamos contigo.
Ayúdanos para poder
reconocer con gozo que, precisamente compartiendo tu sufrimiento y los
sufrimientos de este mundo, nos hacemos servidores de la salvación, y que así
podemos ayudar a construir tu cuerpo, la Iglesia.
Te lo pedimos a Ti que
vives y Reinas, con Dios Padre, en la Unidad del Espíritu Santo, por los siglos
de los siglos, amén.
Padrenuestro, Avemaría
y Gloria.
V /. Jesucristo
fue obediente hasta la muerte. R /. Y muerte de cruz para salvarnos
VI estación: La
Verónica enjuga el rostro de Jesús
V /. Te adoramos
o Cristo y te bendecimos.
R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del
libro del profeta Isaías 53, 2-3
No tenía figura ni
belleza. Lo vimos sin aspecto atrayente, despreciado y evitado por los hombres,
como un hombre de dolores, acostumbrado a sufrimientos, ante el cual se ocultan
los rostros; despreciado y desestimado. Palabra de Dios…
Meditación
La Verónica no aparece
en los Evangelios. Puede ser, pues, que este nombre exprese más bien lo que esa
mujer hizo.
En efecto, según la
tradición, en el camino del calvario una mujer se abrió paso entre los soldados
que escoltaban a Jesús y enjugó con un velo el sudor y la sangre del rostro del
Señor. Aquel rostro quedó impreso en el velo; un reflejo fiel, un «verdadero
icono».
A eso se referiría el
nombre mismo de Verónica. Si es así, este nombre, que ha hecho memorable el
gesto de aquella mujer, expresa al mismo tiempo la más profunda verdad sobre
ella.
El velo, sobre el que
queda impreso el rostro de Cristo, es un mensaje para nosotros. En cierto modo
nos dice: He aquí cómo todo acto bueno, todo gesto de verdadero amor hacia el
prójimo aumenta en quien lo realiza la semejanza con el Redentor del mundo.
Los actos de amor no
pasan. Cualquier gesto de bondad, de comprensión y de servicio deja en el
corazón del hombre una señal indeleble, que lo asemeja un poco más a Aquél que
«se despojó de sí mismo tomando condición de siervo» (Flp 2,7).
Así se forma la identidad, el verdadero nombre del ser humano.
Oración
Danos, Señor, la
inquietud del corazón que busca tu rostro. Protégenos de la oscuridad del
corazón que ve solamente la superficie de las cosas. Danos la sencillez y la
pureza que nos permiten ver tu presencia en el mundo.
Cuando no seamos
capaces de cumplir grandes cosas, danos la fuerza de una bondad humilde. Graba
tu rostro en nuestros corazones, para que así podamos encontrarte y mostrar al
mundo tu imagen.
Te lo pedimos a Ti que
vives y Reinas, con Dios Padre, en la Unidad del Espíritu Santo, por los siglos
de los siglos, amén.
Padrenuestro, Avemaría
y Gloria.
V /. Jesucristo
fue obediente hasta la muerte.
R /. Y muerte de cruz para salvarnos
VII estación: Jesús
cae por segunda vez
V /. Te adoramos
o Cristo y te bendecimos.
R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del
libro de las Lamentaciones 3, 1-2.9.16
Yo soy el hombre que
ha visto la miseria bajo el látigo de su furor. El me ha llevado y me ha hecho
caminar en tinieblas y sin luz. Ha cercado mis caminos con piedras sillares, ha
torcido mis senderos. Ha quebrado mis dientes con guijarro, me ha revolcado en
la ceniza. Palabra de Dios…
Meditación
En el polvo de la
tierra está el Condenado. Aplastado por el peso de su cruz. Cada vez más le
fallan sus fuerzas. Pero, aunque con gran esfuerzo, se levanta para seguir el
camino.
¿Qué nos dice a
nosotros, hombres pecadores, esta segunda caída? Más aún que de la primera,
parece exhortarnos a levantarnos, a levantarnos otra vez en nuestro camino de
la cruz.
A su vez, Cristo, en
el camino del Calvario, encuentra a cada hombre y, cayendo bajo el peso de la
cruz, no deja de anunciar la buena nueva.
Desde hace dos mil
años el evangelio de la cruz habla al hombre. Desde hace veinte siglos Cristo,
que se levanta de la caída, encuentra al hombre que cae.
La caída no significa
el final del camino. Eso lo hemos experimentado ya a lo largo de nuestra vida.
Nos hemos levantado, y confortados por Jesús podemos transmitir al mundo la
palabra de la esperanza que brota de la cruz.
Oración
Señor Jesucristo, has
llevado nuestro peso y continúas llevándolo. Es nuestra carga la que te hace
caer. Pero levántanos tú, porque solos no podemos reincorporarnos.
Haz que te
reconozcamos de nuevo. Haznos sobrios y vigilantes para poder resistir a las
fuerzas del mal y ayúdanos a reconocer las necesidades interiores y exteriores
de los demás, a ser misericordiosos, a socorrerlos.
Levántanos para poder
levantar a los demás. Danos esperanza en medio de toda esta oscuridad, para que
seamos portadores de esperanza para el mundo. Te lo pedimos a Ti que vives y
Reinas, con Dios Padre, en la Unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los
siglos, amén.
Padrenuestro, Avemaría
y Gloria.
V /. Jesucristo
fue obediente hasta la muerte.
R /. Y muerte de cruz para salvarnos
VIII estación:
Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén.
V /. Te adoramos
o Cristo y te bendecimos.
R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del
Evangelio según San Lucas 23, 28-31
Jesús se volvió hacia
ellas y les dijo: Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y
por vuestros hijos, porque mirad que llegará el día en que dirán: «dichosas las
estériles y los vientres que no han dado a luz y los pechos que no han criado».
Entonces empezarán a decirles a los montes: «Desplomaos sobre nosotros»; y a
las colinas: «Sepultadnos»; porque si así tratan al leño verde, ¿qué pasará con
el seco? Palabra de Dios…
Meditación
Oír a Jesús cuando
exhorta a las mujeres de Jerusalén que lo siguen y lloran por Él, nos hace
reflexionar. ¿Cómo entenderlo? ¿Se tratará quizás de una advertencia ante una
piedad puramente sentimental, que no llega a ser conversión y fe vivida?
De nada sirve
compadecer con palabras y sentimientos los sufrimientos de este mundo, si
nuestra vida continúa como siempre. Por esto el Señor nos advierte del riesgo
que corremos nosotros mismos. Nos muestra la gravedad del pecado y la seriedad
del juicio.
No obstante todas
nuestras palabras de preocupación por el mal y los sufrimientos de los
inocentes, ¿no estamos tal vez demasiado inclinados a dar escasa importancia al
misterio del mal?
No se puede seguir
quitando importancia al mal contemplando la imagen del Señor que sufre. También
él nos dice: «No lloréis por mí; llorad más bien por vosotros… porque si así
tratan al leño verde, ¿qué pasará con el seco?»
Oración
Señor, a las mujeres
que lloran les has hablado de penitencia, del día del Juicio cuando nos
encontremos en tu presencia, en presencia del Juez del mundo.
Nos llamas a superar
un concepción del mal como algo banal, con la cual nos tranquilizamos para
poder continuar nuestra vida de siempre.
Nos muestras la
gravedad de nuestra responsabilidad, el peligro de encontrarnos culpables y
estériles en el Juicio.
Haz que caminemos
junto a ti sin limitarnos a ofrecerte sólo palabras de compasión. Conviértenos
y danos una vida nueva; no permitas que, al final, nos quedemos como el leño
seco, sino que lleguemos a ser sarmientos vivos en ti, la vid verdadera, y que
produzcamos frutos para la vida.
Te lo pedimos a Ti que
vives y Reinas, con Dios Padre, en la Unidad del Espíritu Santo, por los siglos
de los siglos, amén.
Padrenuestro, Avemaría
y Gloria.
V /. Jesucristo
fue obediente hasta la muerte.
R /. Y muerte de cruz para salvarnos
IX estación: Jesús
cae por segunda vez
V /. Te adoramos
o Cristo y te bendecimos. R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del
libro de las Lamentaciones 3, 27-32
Bueno es para el
hombre soportar el yugo desde su juventud. Que se sienta solitario y
silencioso, cuando el Señor se lo impone; que ponga su boca en el polvo: quizá
haya esperanza; que tienda la mejilla a quien lo hiere, que se harte de
oprobios. Porque el Señor no desecha para siempre a los humanos: si llega a
afligir, se apiada luego según su inmenso amor. Palabra de Dios…
Meditación
¿Qué puede decirnos la
tercera caída de Jesús bajo el peso de la cruz? Quizás nos hace pensar en la
caída de los hombres, en que muchos se alejan de Cristo, en la tendencia a un
secularismo sin Dios.
Pero, ¿no deberíamos
pensar también en lo que debe sufrir Cristo en su propia Iglesia? ¿En cuántas
veces se abusa del sacramento de su presencia, y en el vacío y maldad de
corazón donde entra a menudo?
¡Cuántas veces
celebramos sólo nosotros sin darnos cuenta de Él! ¡Cuántas veces se deforma y
se abusa de su Palabra! ¡Qué poca fe hay en muchas teorías, cuántas palabras
vacías! ¡Cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que, por su sacerdocio,
deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta
autosuficiencia! ¡Qué poco respetamos el sacramento de la Reconciliación, en el
cual Él nos espera para levantarnos de nuestras caídas!
También esto está
presente en su pasión. La traición de los discípulos, la recepción indigna de
su Cuerpo y de su Sangre, es ciertamente el mayor dolor del Redentor, el que le
traspasa el corazón. No nos queda más que gritarle desde lo profundo del alma:
Señor, sálvanos (cf Mt 8,25).
Oración
Señor, frecuentemente
tu Iglesia nos parece una barca a punto de hundirse, que hace aguas por todas
partes. Y también en tu campo vemos más cizaña que trigo.
Nos abruman su atuendo
y su rostro tan sucios. Pero los empañamos nosotros mismos. Nosotros quienes te
traicionamos, no obstante los gestos pomposos y las palabras altisonantes.
Ten piedad de tu
Iglesia: también en ella Adán, el hombre, cae una y otra vez. Al caer, quedamos
en tierra y Satanás se alegra, porque espera que ya nunca podremos levantarnos;
espera que tú, siendo arrastrado en la caída de tu Iglesia, quedes abatido para
siempre.
Pero tú te levantarás.
Tú te has reincorporado, has resucitado y puedes levantarnos. Salva y santifica
a tu Iglesia. Sálvanos y santifícanos a todos. Te lo pedimos a Ti que vives y
Reinas, con Dios Padre, en la Unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los
siglos, amén.
Padrenuestro, Avemaría
y Gloria.
V /. Jesucristo
fue obediente hasta la muerte. R /. Y muerte de cruz para salvarnos
X estación: Jesús
es despojado de sus vestiduras
V /. Te adoramos
o Cristo y te bendecimos.
R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del
Evangelio según San Mateo 27, 33 -36
Cuando llegaron al
lugar llamado Gólgota (que quiere decir «La Calavera»), le dieron a beber vino
mezclado con hiel; él lo probó, pero no quiso beberlo. Después de crucificarlo,
se repartieron su ropa echándola a suertes y luego se sentaron a custodiarlo. Palabra
de Dios…
Meditación
No quiso calmantes,
que le habrían nublado la conciencia durante la agonía. Quería agonizar en la
cruz conscientemente, cumpliendo la misión recibida del Padre. Esto era
contrario a los métodos usados por los soldados encargados de la ejecución.
Debiendo clavar en la
cruz al condenado, trataban de amortiguar su sensibilidad y consciencia. En el
caso de Cristo no podía ser así. Jesús sabe que su muerte en la cruz debe ser
un sacrificio de expiación. Por eso quiere mantener despierta la consciencia
hasta el final. Sin ésta no podría aceptar, de un modo completamente libre, la
plena medida del sufrimiento.
Consciencia y
libertad: son los requisitos imprescindibles del actuar plenamente humano. El
mundo conoce tantos medios para debilitar la voluntad y ofuscar la consciencia.
Es necesario defenderlas celosamente de todas las violencias. Incluso el
esfuerzo legítimo por disminuir el dolor debe realizarse siempre respetando la
dignidad humana.
Hay que comprender
profundamente el sacrificio de Cristo, es necesario unirse a Él para no
rendirse, para no permitir que la vida y la muerte pierdan su valor.
Oración
Señor Jesús, has sido
despojado de tus vestiduras, expuesto a la deshonra, expulsado de la sociedad.
Te has cargado de la deshonra de Adán, sanándolo. Te has cargado con los
sufrimientos y necesidades de los pobres, aquellos que están excluidos del
mundo.
Pero es exactamente
así como cumples la palabra de los profetas. Es así como nos haces reconocer
que tu Padre te tiene en sus manos, a ti, a nosotros y al mundo.
Concédenos un profundo
respeto hacia el hombre en todas las fases de su existencia y en todas las
situaciones en las cuales lo encontramos.
Danos el traje de la
luz de tu gracia. Te lo pedimos a Ti que vives y Reinas, con Dios Padre, en la
Unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos, amén.
Padrenuestro, Avemaría
y Gloria.
V /. Jesucristo
fue obediente hasta la muerte.
R /. Y muerte de cruz para salvarnos
XI estación: Jesús
clavado en la cruz
V /. Te adoramos
o Cristo y te bendecimos.
R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del
Evangelio según San Mateo 7, 37-42
Encima de la cabeza
colocaron un letrero con la acusación: «Este es Jesús, el Rey de los judíos».
Crucificaron con él a dos bandidos, uno a la derecha y otro a la izquierda. Los
que pasaban, lo injuriaban y decían meneando la cabeza: «Tú que destruías el
templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo; si eres Hijo de
Dios, baja de la cruz». Los sumos sacerdotes con los letrados y los senadores
se burlaban también diciendo: «A otros ha salvado y él no se puede salvar. ¿No
es el Rey de Israel? Que baje ahora de la cruz y le creeremos». Palabra de
Dios…
Meditación
Los golpes de los
soldados aplastan contra el madero de la cruz las manos y los pies del
condenado. Cuando los soldados levanten la cruz, comenzará una agonía que
durará tres horas. Es necesario que se cumpla también esta palabra: «Y yo
cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12, 32).
Cristo atrae desde la
cruz con la fuerza del amor, del Amor divino, que ha llegado hasta el don total
de sí mismo; del Amor infinito, que en la cruz ha levantado de la tierra el
peso del cuerpo de Cristo, para contrarrestar el peso de la culpa antigua; del
Amor ilimitado, que ha colmado toda ausencia de amor y ha permitido que el
hombre nuevamente encuentre refugio entre los brazos del Padre misericordioso.
Ese amor es el que a
muchos cristianos les lleva a dar testimonio de Cristo, aún en el momento
final, cuando, literalmente, son crucificados como Jesús, por el solo hecho de
ser cristianos.
Oración
Señor Jesucristo, te
has dejado clavar en la cruz, aceptando la terrible crueldad de este dolor, la
destrucción de tu cuerpo y de tu dignidad. Te has dejado clavar, has sufrido
sin evasivas ni compromisos.
Ayúdanos a no desertar
ante lo que debemos hacer. A unirnos estrechamente a ti. A desenmascarar la
falsa libertad que nos quiere alejar de ti.
Auxílianos para poder
aceptar tu libertad «comprometida» y a encontrar en la estrecha unión contigo
la verdadera libertad. Te lo pedimos a Ti que vives y Reinas, con Dios Padre,
en la Unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos, amén.
Padrenuestro, Avemaría
y Gloria.
V /. Jesucristo
fue obediente hasta la muerte.
R /. Y muerte de cruz para salvarnos
XII estación: Jesús
muere en la cruz
V /. Te adoramos
o Cristo y te bendecimos. R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Del Evangelio
según San Mateo 27, 45-50. 54
Desde el mediodía
hasta la media tarde vinieron tinieblas sobre toda aquella región. A media
tarde Jesús gritó: «Elí, Elí lamá sabaktaní», es decir: «Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has abandonado?» Al oírlo algunos de los que estaban por allí
dijeron: «A Elías llama éste». Uno de ellos fue corriendo; enseguida cogió una
esponja empapada en vinagre y, sujetándola en una caña, le dio de beber. Los
demás decían: «Déjalo, a ver si viene Elías a salvarlo». Jesús, dio otro grito
fuerte y exhaló el espíritu. El centurión y sus hombres, que custodiaban a
Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba dijeron aterrorizados: «Realmente
éste era Hijo de Dios». Palabra de Dios…
Meditación
Sobre la cruz, en las
dos lenguas del mundo de entonces, el griego y el latín, y en la lengua del
pueblo elegido, el hebreo, está escrito quien es Jesús: el Rey de los judíos,
el Hijo prometido de David. Pilato, el juez injusto, ha sido profeta a su
pesar. Ante la opinión pública mundial se proclama la realeza de Jesús.
Efectivamente, él es verdaderamente el rey del mundo. Ahora ha sido realmente
«ensalzado». En su descendimiento, ascendió.
Ahora ha cumplido
radicalmente el mandamiento del amor, ha cumplido el ofrecimiento de sí mismo
y, de este modo, manifiesta al verdadero Dios, al Dios que es amor. Ahora
sabemos que es Dios. Sabemos cómo es la verdadera realeza. Jesús recita el
Salmo 21, que comienza con estas palabras: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has
abandonado?» (Sal 21, 2). Asume en sí a todo el Israel sufriente, a toda la
humanidad que padece el drama de la oscuridad de Dios, manifestando de este
modo a Dios justamente donde parece estar definitivamente vencido y ausente. La
cruz de Jesús es un acontecimiento cósmico. El mundo se oscurece cuando el Hijo
de Dios padece la muerte. La tierra tiembla. Y junto a la cruz nace la Iglesia
en el ámbito de los paganos. El centurión romano reconoce y entiende que Jesús
es el Hijo de Dios. Desde la cruz, él triunfa siempre de nuevo.
Oración
Señor Jesucristo, en
la hora de tu muerte se oscureció el sol. Constantemente estás siendo clavado
en la cruz. En este momento histórico vivimos en la oscuridad de Dios. Por el
gran sufrimiento, y por la maldad de los hombres, el rostro de Dios, tu rostro,
aparece difuminado, irreconocible. Pero en la cruz te has hecho reconocer.
Porque eres el que sufre y el que ama, eres el que ha sido ensalzado.
Precisamente desde allí has triunfado.
En esta hora de
oscuridad y turbación, ayúdanos a reconocer tu rostro. A creer en ti y a
seguirte en el momento de la necesidad y de las tinieblas. Muéstrate de nuevo
al mundo en esta hora. Haz que se manifieste tu salvación. Te lo pedimos a Ti
que vives y Reinas, con Dios Padre, en la Unidad del Espíritu Santo, por los
siglos de los siglos, amén.
Padrenuestro, Avemaría
y Gloria.
V /. Jesucristo
fue obediente hasta la muerte.
R /. Y muerte de cruz para salvarnos
XIII estación:
Jesús es bajado de la cruz y entregado a su Madre
V /. Te adoramos
o Cristo y te bendecimos. R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del
Evangelio según San Mateo 27, 54-55
El centurión y sus
hombres, que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y lo que pasaba dijeron
aterrorizados: «Realmente éste era Hijo de Dios». Había allí muchas mujeres que
miraban desde lejos, aquellas que habían seguido a Jesús desde Galilea para atenderle.
Palabra de Dios…
Meditación
Han devuelto a las
manos de la Madre el cuerpo sin vida del Hijo. Los Evangelios no hablan de lo
que ella experimentó en aquel instante. Es como si los Evangelistas, con el
silencio, quisieran respetar su dolor, sus sentimientos y sus recuerdos. O,
simplemente, como si no se considerasen capaces de expresarlos. Sólo la
devoción multisecular ha conservado la imagen de la «Piedad», grabando de ese
modo en la memoria del pueblo cristiano la expresión más dolorosa de aquel
inefable vínculo de amor nacido en el corazón de la Madre el día de la
anunciación y madurado en la espera del nacimiento de su divino Hijo.
Ahora este íntimo
vínculo de amor debe transformarse en una unión que supera los confines de la
vida y de la muerte.
Y será así a lo largo
de los siglos: los hombres veneran a la Dolorosa en tantos santuarios en todas
las partes del mundo. De este modo aprenden el difícil amor que no huye ante el
sufrimiento, sino que se abandona confiadamente a la ternura de Dios, para el
cual nada es imposible (cf. Lc 1, 37).
Oración
Señor, has bajado
hasta la oscuridad de la muerte. Pero tu cuerpo es recibido por manos piadosas
y envuelto en una sábana limpia. La fe no ha muerto del todo, el sol no se ha
puesto totalmente.
Cuántas veces parece
que estás durmiendo. Qué fácil es que nosotros, los hombres, nos alejemos y nos
digamos a nosotros mismos: Dios ha muerto. Haz que en la hora de la oscuridad
reconozcamos que tú estás presente. No nos dejes solos cuando nos aceche el
desánimo. Y ayúdanos a no dejarte solo.
Danos una fidelidad
que resista en el extravío y un amor que te acoja en el momento de tu necesidad
más extrema, como tu Madre, que te arropa de nuevo en su seno.
Ayúdanos, ayuda a los
pobres y a los ricos, a los sencillos y a los sabios, para poder ver por encima
de los miedos y prejuicios, y te ofrezcamos nuestros talentos, nuestro corazón,
nuestro tiempo, preparando así el jardín en el cual puede tener lugar la
resurrección. Te lo pedimos a Ti que vives y Reinas, con Dios Padre, en la
Unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos, amén
Padrenuestro, Avemaría
y Gloria.
V /. Jesucristo
fue obediente hasta la muerte.
R /. Y muerte de cruz para salvarnos
XVI estación: Jesús
es puesto en el sepulcro
V /. Te adoramos
o Cristo y te bendecimos.
R /. Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
Lectura del
Evangelio según San Mateo 27, 59-61
José, tomando el
cuerpo de Jesús, lo envolvió en una sábana limpia, lo puso en el sepulcro nuevo
que se había excavado en una roca, rodó una piedra grande a la entrada del
sepulcro y se marchó. María Magdalena y la otra María se quedaron allí sentadas
enfrente del sepulcro. Palabra de Dios…
Meditación
El cuerpo sin vida de
Cristo fue depositado en el sepulcro. La piedra sepulcral, sin embargo, no es
el sello definitivo de su obra. La última palabra no pertenece a la falsedad,
al odio y al atropello. La última palabra será pronunciada por el Amor, que es
más fuerte que la muerte.
«Si el grano de trigo
no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto» ( Jn
12, 24). El sepulcro es la última etapa del morir de Cristo en el curso de su
vida terrena; es signo de su sacrificio supremo por nosotros y por nuestra salvación.
Pero no se quedará ahí, resucitará, el sepulcro quedará vacío.
El sepulcro vacío es
signo de la victoria definitiva, de la verdad sobre la mentira, del bien sobre
el mal, de la misericordia sobre el pecado, de la vida sobre la muerte.
El sepulcro vacío es
signo de la esperanza que «no defrauda» (Rm 5, 5). «Nuestra esperanza está
llena de inmortalidad» (Sb 3, 4).
Oración
Señor Jesucristo, al
ser puesto en el sepulcro has hecho tuya la muerte del grano de trigo, te has
hecho el grano de trigo que muere y produce fruto con el paso del tiempo hasta
la eternidad.
Desde el sepulcro
iluminas para siempre la promesa del grano de trigo del que procede el
verdadero maná, el pan de vida en el cual te ofreces a ti mismo.
Como el grano de trigo
crece de la tierra como retoño y espiga, tampoco tú podías permanecer en el
sepulcro: el sepulcro está vacío porque el Padre no te «entregó a la muerte, ni
tu carne conoció la corrupción» (Hch 2, 31; Sal 15, 10). No, tú no has conocido
la corrupción. Has resucitado y has abierto el corazón de Dios a la carne
transformada. Haz que podamos alegrarnos de esta esperanza y llevarla
gozosamente al mundo, para ser de este modo testigos de tu resurrección. Te lo
pedimos a Ti que vives y Reinas, con Dios Padre, en la Unidad del Espíritu
Santo, por los siglos de los siglos, amén
Padrenuestro, Avemaría
y Gloria.
V /. Jesucristo
fue obediente hasta la muerte.
R /. Y muerte de cruz para salvarnos


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