Mujeres diaconas y sacerdotisas en la iglesia doméstica

 

Foto: La dama de Cao, reina y sacerdotisa en el Perú prehispánico


Mujeres diaconisas y sacerdotisas en la iglesia doméstica

De hecho, las mujeres son mayoría en la iglesia católica: entre los asistentes a misa, en los grupos parroquiales… Sin embargo, hasta hace 60 años no podían ni entrar en la zona del altar, ni ser acólitas o monaguillas. Ahora si lo pueden, son catequistas, lectoras, ministras de la comunión y hasta en las curias episcopales y vaticanas ocupen algunos puestos importantes. Pero el poder de dirigir sigue siendo vinculado al orden sacerdotal en sus tres grados: diácono, sacerdote y obispo.

Muchas mujeres de hoy se han conformado, que así debe de ser: la iglesia fue dirigido por los apóstoles y sus sucesores y siempre fueron varones. Como siempre fue así, nadie puede cambiar nada.

Sin embargo, hay muchas mujeres, que en la sociedad lograron ya la igualdad entre varón y mujer, y lo quieren lograr también en la iglesia. Hay teólogas y religiosas, que quisieran ser diaconas y sacerdotisas, como lo tiene la iglesia anglicana y presbiteriana.

La cultura bíblica era patriarcal, todo el poder en la familia tenía el varón primogénito y el jefe de toda la tribu era el patriarca. En la iglesia ortodoxa se llama “patriarca” hasta hoy a los obispos metropolitanos, que dirigen a la iglesia de un país. El patriarcado concentra todo el poder en un solo varón y parece totalmente anacrónico en el mundo moderno.

En el nuevo testamento ya hay ciertas aperturas hacia las mujeres: Jesús tiene mujeres entre sus seguidores, algo no usual entre los rabinos de su tiempo. Sin embargo, no entre sus 12 apóstoles, que son como los fundamentos de la iglesia naciente. San Pablo expresa en teoría, que en Cristo todos somos iguales: varones y mujeres, judíos y griegos, libres y esclavos. (Gal 3,28). Sin embargo, en la práctica hubo esclavos en familias cristianas y las mujeres debían de callarse en las asambleas. (1 Cor 14,34). Ciertamente no hacemos caso a San Pablo en estos aspectos hoy, porque son debidos a la cultura de Pablo más que por la voluntad de Dios.

Muchos creen, si Jesús hubiera vivido hoy, en una cultura de plena igualdad entre el hombre y la mujer, hubiera elegido también a mujeres como apóstoles y ellos hubieran elegido a mujeres como presbíteros. Sea como sea, la jerarquía de la iglesia católica, todos varones, todavía no está dispuesto a compartir el poder con las mujeres: En cuanto al sacerdocio argumenta con la tradición ininterrumpida: nunca se había ordenado sacerdotisas en todos los 2000 años de la historia de la iglesia.

Sin embargo, en el diaconado es diferente: en Rom 16,1-2 aparece Junia como diaconisa, mucho tiempo fue invisibilizado por los traductores de la Biblia, que la llamaban Junio. Tenemos abundantes testimonios de mujeres diaconisas del siglo uno al 6 en los textos patrísticos. Como el bautismo era de inmersión, se necesitaba diaconas para bautizar a mujeres adultas. En el siglo 6 desaparece el diaconado permanente, queda solo como un paso en la preparación al sacerdocio. En el Concilio Vaticano II fue recuperado el diaconado permanente y abierto para varones casados, pero no para mujeres.

Desde que asumió el Papa Francisco, la conferencia de las religiosas, que tiene muchas teólogas en sus filas, le pidió de estudiar el tema del diaconado femenino. El Papa nombró una comisión. Nunca más se escuchó nada de él sobre el tema. En el sínodo amazónico y en el sínodo sobre la sinodalidad, nuevamente se pudo escuchar esta demanda justa de las mujeres. El Papa nombra una segunda comisión.  En ambas comisiones había mujeres y varones, a favor y en contra del diaconado femenino. Ninguna comisión llegó a una conclusión unánime, por lo cual el Papa Francisco no quiso tomar ninguna decisión.

Ahora habló la segunda comisión en diciembre del 2025: Las mujeres no pueden ser diaconas, porque es un paso al sacerdocio y el sacerdocio es solo para varones. Y hay que estudiar mas el tema.

Seguramente el Papa León XIV le va a hacer caso a la comisión. A pesar de que no tiene ninguna lógica menos esta: El poder en la iglesia es vinculada al orden sacerdotal y este es solo para varones. Siempre ha estado así y siempre será. Es un argumento, que no toma en cuenta los cambios culturales históricos, solo quiere asegurar el poder factico de los clérigos varones. Tienen todo el poder en la  iglesia y no están dispuestos a compartirlo.

Cuando he ejercido como obispo en una prelatura de pocos sacerdotes nombré a 2 religiosas y una laica como encargadas parroquiales según can. 517,2 del Derecho canónico. Sus funciones eran coordinar la pastoral. Las religiosas tenían además el permiso de bautizar y asistir a matrimonios.  

No aconsejo a las mujeres de quedarse sumisas y calladas. Si no hubiera sido por los movimientos feministas y sus luchas por la igualdad en los siglos 18 al 20 no tendríamos hoy día el derecho al voto y el derecho a trabajar de las mujeres. Es necesario luchar, para conseguir la igualdad, los poderosos no comparten su poder voluntariamente.

No aconsejo a las mujeres de seguir luchando por el acceso al diaconado. Este camino parece cerrado y seguir luchando solo les va a desanimar y desgastar. Según el derecho canónico actual pueden ser encargadas de parroquias, donde hay falta de sacerdotes y lo hay en todo el mundo. Como tales el obispo puede darles la facultad de bautizar y asistir a matrimonios, que son justo los sacramentos, que puede administrar el diacono. Entonces pueden ejercer el diaconado sin llamarse diaconas.

Por mi propia experiencia les aconsejo lo siguiente: ejercen su sacerdocio común de todos los fieles en su iglesia doméstica. Ustedes pueden ser sacerdotes en sus casas para sus esposos, hijos, familiares y amigos. Los habitantes y visitantes de la casa son su comunidad que ora, comparte la palabra de Dios, comparte el pan (no sacramental sino real) y comparte su vida. Así empezó la iglesia, en las casas como iglesia doméstica. No usen vestimentas litúrgicas, ni misales ni cobren diezmos. Usen el lenguaje de la gente y no prediquen sino dejen, que todos opinen. En las iglesias domesticas hay muchas funciones y dones por descubrir. Cuídense de liderazgos abusivos, porque también en las familias hay eso. Yo hago eso con mucha sencillez con mi esposa en mi casa y con algunos amigos.

No son una competencia con la iglesia jerárquica y parroquial. Donde el párroco les acepta y respeta son perfectamente compatibles y pueden ser la célula básica de la parroquia, su base y piedra viva. Donde el párroco es clericalista, mandón o no tiene tiempo simplemente háganlo a su manera. Es su casa, es su fe, es su iglesia doméstica.

En la biblia Jesús dice: “Donde hay dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.” 

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