La invasión en Venezuela: El fin no justifica los medios
Las políticas fatales
de Hugo Chávez y Nicolás Maduro han arruinado a la economía venezolana y
empujado a millones de emigrar a otros países. La oposición sufrió una
persecución violenta y las elecciones e instituciones fueron totalmente
manipuladas.
Es justo, que Nicolás
Maduro pague por eso. Era necesario devolver Venezuela a los venezolanos.
Pero no se justifican
los medios adoptados en este caso. Si Maduro es un criminal, se le debe de
hacer un proceso o emitir una orden de captura por interpol. Pero ningún país
puede entrar con militares en otro país soberano sin autorización. Estos medios
son igualmente criminales y no se ajustan al derecho internacional.
Son medios del
colonialismo: EEUU ve no solamente a Venezuela sino a toda América Latina como
su colonia donde puede imponer su voluntad. Es un atentado a la soberanía
nacional de Venezuela. ¿Quién será el próximo?
Es obvio, que esta
agresión fue pactada con anterioridad con Rusia y China. Con Donald Trump ha
cambiado la geopolítica y el orden de paz mundial. Hemos entrado en una nueva
era, la de la doctrina Trump: El mundo está dividido y tiene dueños:
Toda América para Trump
(Hagan América grande otra vez)
Europa oriental para Putin
(Trump no está apoyando a Ucrania lo suficiente)
Europa occidental
según Trump es decadente y caerá en manos de islamistas. Tanto Putin como Trump
apoyan a la ultraderecha europea.
Asia para Xi Yinping
África y Australia
interesan menos, son negociables.
Si en este momento
histórico los países americanos no resisten y se unen contra las agresiones de
Trump, serán colonizados nuevamente mañana o pasado mañana. El tiempo, en que
EEUU defendió la libertad y el derecho internacional ya pasaron con Trump.
Ahora solo interesan los apetitos personales e intereses económicos. La tercera
guerra mundial está más cerca que nunca. Los que aman a la libertad y el
derecho deberían denunciar a Trump por violación del derecho internacional. Los
cristianos debemos orar por la paz desarmada y desarmante, como lo llama el
papa León XIV en su mensaje por el día internacional de la paz, el primero de
enero.



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